
Mi camino hacia la docencia no fue algo planeado desde el principio, pero sí algo que fue creciendo dentro de mí con el tiempo y la experiencia. Siempre me ha gustado aprender, descubrir cosas nuevas y, sobre todo, enseñar lo que sé. Compartir conocimientos es, para mí, una forma de conectar con los demás, de ayudar y de construir algo significativo.
Durante la secundaria y la preparatoria tuve maestros que marcaron profundamente mi vida. No solo fueron buenos en lo escolar, sino que dejaron huella en mi forma de pensar, de ver el mundo y de valorar las cosas. Gracias a ellos, empecé a considerar la posibilidad de seguir un camino similar e impactar en los demás, como ellos hicieron conmigo.
Durante la pandemia, me encontraba tomando un año sabático, cuando comencé a dar clases de regularización a niños de primaria, y fue entonces cuando descubrí que lo disfrutaba.
Decidí aplicar en la UADY y en la UMSA. Sin embargo, tras tener mi primera reunión con la coordinadora escolar de la Universidad Mesoamericana, sentí que era el lugar correcto. Decidí quedarme ahí, y no me equivoqué. En la Mesoamericana he tenido la oportunidad de aprender la teoría y, desde el tercer semestre, aplicarlo en la práctica. Hoy, miro hacia atrás y me doy cuenta de que este camino, aunque no fue planificado desde el principio, sí estaba hecho para mí.












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